Una Pequeña Victoria

Papi & Kids Pool TimeEstoy revisando mis cosas del trabajo cuando de repente escucho a los niños que están peleándose por el teléfono. Paulo le dice a Victoria que nomas quiere revisar una cosa y Victoria le dice que “no!”. Luego escucho que se están forcejeando por el teléfono y de repente escucho un llanto fuerte y ríspido.

Voy bajando las escaleras rápidamente decidido a nalguearlos, aunque ya hacía meses que no nalgueaba a ninguno de los dos. A través del verano se habían estado peleando por el uso de los aparatos electrónicos y en ese momento yo ya había llegado a mi limite. ¡Yo voy con el pensamiento que necesitaban entender que no permitiré más este tipo de comportamiento!

Rápidamente bajo y miro a Paulo retorciéndose de dolor en llantos sobre la alfombra, Victoria esta asustada sentada a su lado.

Paulo en llantos me dice que Victoria lo ha mordido en la espalda. En milésimas de segundos pasa por mi mente mis opciones. Me los puedo nalguear, pero para Paulo no sería un acto justificado ya que ha sido mordido, está con mucho dolor y llorando fuerte. En el caso de Victoria, si me la nalgueo no le enseñaría ninguna lección y solo yo me beneficiaria al desalojar todo mi enojo y rabia en ella por cometer un acto tan desagradable y cruel como es el morder.

Manteniendo mi compostura agarro a Victoria de las manos y la pongo enfrente de Paulo para que observe la gravedad de la mordida. Paulo aun se esta retorciendo de dolor, pero aun así, le levantamos la camisa y miramos que Paulo ya tiene todo un chipote morado ya casi sangrando. Mi mente me vuelve a decir, “dale unas buenas nalgueadas a ésta niña para que aprenda y no vuelva a morder!” Victoria asustada comienza a llorar y a disculparse con su hermano. Yo estoy lleno de cólera por dentro pero le digo a Victoria que ella se va a encargar de limpiar y cuidar la mordedura hasta que Paulo se sienta mejor.

Voy al jardín, corto una hoja de sábila y se la doy a Victoria para que se la ponga encima de la mordedura, luego traigo una compresa fría y se la doy para que se la ponga sobre el morete. Luego vendamos la sábila encima de la mordedura. Durante todo este proceso Paulo y Victoria están llorando, uno de dolor y el otro por causar el dolor.

Al observar el cuidado de Victoria hacia su hermano empiezo a reflexionar sobre el momento y pienso que la acción que tomé fue mucho mejor que nalguearme a Victoria y meterla al cuarto. Mi deseo es que, en su pequeña mente de solo 5 años, se de cuenta que nuestra ira puede causarle intenso dolor a otras personas y que cuando eso pasa tenemos la responsabilidad de tratar de sanar las heridas.

Este es un momento de orgullo parental para mí. Es de las primeras veces que pienso que estuve lo suficientemente presente para darme cuenta de lo que estaba por hacer y en vez de dejar que mi coraje y cólera le respondiera a mis hijos, deje que respondiera mi conciencia. Aun así, también quiero que sepan que criar a mis hijos de esta manera sigue siendo una lucha diaria. Pero tomo estos momentos como señal de que estoy progresando.

Ahora que he compartido mi momento de orgullo parental, me gustaría escuchar, ¿cuál ha sido su momento más reciente de orgullo parental?

En solidaridad,

Paulo