Lo inesperado

No me lo había imaginado así. Yo había planeando esta escapada de fin de semana a “Joshua Tree National Park” para celebrar mi cumpleaños desde meses. Sería Paulo, el desierto, y yo. Los niños no “comprenderán” el desierto, razoné. Yo quería ser como Jesús e irme al desierto para tener una experiencia espiritual, y si acierto correctamente, ¡Jesús no llevo niños consigo! Quería estar quieta, tranquila, y reflexionar sobre mi vida por un par de días, sin distracciones. Yo sabía al 100% que estaba actuando egoístamente al tomarme este tiempo para mí y no sentía ningún remordimiento maternal. Yo estaba lista para disfrutar plenamente el fin de semana.

Y entonces la vida me respondió.

El día de los preparativos para el viaje, mi mamá me llamó para decirme que ella y mi papá estaban enfermos y que no podrían venir a Los Ángeles a cuidar a los niños para el fin de semana. ¡Feliz cumpleaños a mí! Paulo y yo empezamos a reexaminar nuestras opciones y re-planear todo. Podríamos haber llamado a nuestra niñera local, pero fue todo de ultima hora y simplemente no nos sentíamos cómodos en hacer la llamada. Instantáneamente me despedí del fin de semana que había planeado y me hice a la idea de que el desierto, tal vez no nomás me estaba llamando a mí, si no que a todos.

Una vez que llegamos a nuestro Airbnb y nos acomodamos, pude ver cómo esta pequeña casa, aunque fue elegida para dos en mente, era realmente perfecta para los cuatro. Yo ya me había hecho a la idea de desprenderme de ciertas cosas que quería realizar este fin de semana. Me enfoqué en ocupar mi tiempo conectando con cada miembro de mi pequeña familia. La primera tarde me la pase mirando a Victoria moverse a su propio ritmo. “¿Dónde aprendiste a bailar Vicky?” Ella estaba zapateado al son de la negra, imitando el baile folklórico que ha visto. “Mi corazón mexicano sólo sabe qué hacer”, respondió. Entonces me uní a ella y bailamos y bailamos en la sala sin parar. Después todos cenamos juntos y terminamos la noche disfrutando del jacuzzi bajo las estrellas.

El sábado no salimos de la casa. Sé que puede parecer extraño el visitar un nuevo lugar y no salir de la casa, pero ¡nadie quería salir! Pasaron los minutos y las horas y pasamos de un momento a otro. Exploramos el área fuera de la casa, disfrutamos de las hamacas, juegos, carne asada y terminamos la noche con una fogata y malvaviscos con chocolate. ¡Que rico! Estaba disfrutando de la absoluta belleza y alegría del momento, todo era felicidad y harmonía. No estábamos haciendo nada extraordinario, y sin embargo, las fotografías reflejan la inmensidad del momento.

Y luego llegó el domingo.

Decidimos hacer las maletas, salir de la casa y conducir a Fortynine Palms Oasis Trail para hacer una caminata que prometía ser fascinante (por recomendaciones de Yelp). Nuestra familia tiene experiencia haciendo senderismo en los senderos de Griffith Park en Los Ángeles para que nuestros hijos sepan lo que es caminar entre la naturaleza. Victoria estaba comprometida en la caminata desde el principio, pero no se puede decir lo mismo de Paulito. Paulito comenzó a quejarse desde el momento en que tuvo que salir del coche. “¿Cuánto durará esta caminata? ¿Puedo quedarme en el auto y esperarlos?” Emprendimos la caminata y después de unos cuantos minutos Paulito comenzó a decir: “Estoy cansado. ¿Ya llegamos? Necesito agua. ¿Podemos parar? Volvamos. Esto es aburrido. Dijiste que casi estábamos ahí” Bla, Bla, Bla… Y más aparte Paulito comenzó a detenerse repetidamente y se sentaba en el suelo, los excursionistas, que pasaban junto a nosotros, también fueron testigos de esta maravillosa exhibición de resistencia. Antes de comenzar la excursión, yo ya tenía el presentimiento que los niños podían rebelarse en contra de la caminata en cualquier momento, y hasta cierto punto, yo ya estaba preparada mentalmente. Aquí es lo que quiero decir con esto, y probablemente tendrá más sentido para usted, si usted leyó mi blog anterior.

La decisión que Paulo y yo tomamos de hacer senderismo juntos conllevaba un riesgo de resistencia por parte de nuestro hijos, ya que nuestros hijos no fueron los que tuvieron la idea de hacer una caminata. Nosotros conscientemente tomamos la decisión por ellos, porque nosotros queríamos exponer a nuestros hijos a tener una experiencia haciendo senderismo en el desierto. Decidimos que el senderismo, la desconexión de los aparatos electrónicos, estar entre la belleza natural del desierto, y pasar tiempo en familia sería una experiencia única para todos. No creo que nadie esté en desacuerdo, ¿verdad? Sin embargo, tuvimos que tener en cuenta que hay un elemento de egoísmo en nuestra decisión de hacer senderismo en el desierto, y que tal decisión, en si, conlleva un riesgo de oposición de parte de nuestros hijos. La resistencia, en general, es la respuesta natural a las decisiones tomadas por alguien mas. Entonces, ¿qué hice?

Me quedé tranquila. Me detuve. Me senté en el suelo con Paulito. Le di agua y dejé en claro que no íbamos a volver. También me alejaba cuando necesitaba un descanso de él porque solo puedo resistir cierta cantidad de lamentos y quejidos. Aproximadamente dentro de una milla en la caminata, Paulito me preguntó si lo podía cargar en mi espalda. Le dije que “sí” y cuando lo subí en mi espalda, noté su primera sonrisa. Justo después, Victoria se dio cuenta de que podían hacer “Parkour” saltando sobre todas las rocas. Paulito se bajo de mi espalda inmediatamente y comenzaron a caminar saltando entre las rocas. ¡No más quejas de Paulito! Cuando llegamos al Oasis, Paulito fue el que nos convenció de que teníamos que escalar hasta el punto más alto y luego descender hasta el fondo para presenciar los charcos más de cerca. Tomamos muchas fotos y luego la caminata de regreso comenzó a transfigurarse en trenes imaginarios, barcos, aviones y coches. Paulo y yo caminamos detrás de ellos y sólo nos reíamos del contraste entre nuestra experiencia al comienzo de la excursión con la del regreso.

También reflexioné sobre mi propia experiencia de la caminata. Al comienzo de la caminata, la primera milla se sintió como si estuviera travesando por un purgatorio y que el momento en que Paulito me preguntó si lo cargaría era la prueba para poder entrar al cielo. Yo podría haber desahogado mi ira interna, la vergüenza y la decepción en Paulito que se había ido acumulando desde el comienzo de la caminata. Y a veces eso es exactamente lo que hago, pero ese día sabía que eso no remediaría nada. En algún momento aprendí que, cuando mis hijos están poniendo resistencia a nuestras decisiones, es cuando necesito practicar más el estar consciente, presente, y mostrar mi amor incondicional. Es tan fácil para mí abrazar y mostrar afecto a mis hijos cuando ellos están haciendo exactamente lo que yo quiero y me pregunto, ¿qué mérito existe en eso? ¿Cómo puedo guiar a mis hijos a que desarrollen maneras de encarar y resolver los conflictos de la vida si nomas estoy presente en los momentos fáciles y accesibles? Toda la materia literaria que leo me dice que el desarrollo personal y espiritual sólo ocurre en el dolor, la incomodidad, y en los escenarios conflictivos de la vida.

No sé, tal vez me estoy ahogando en un vaso con poca agua y mi mente esta agrandando los acontecimientos; quizás este no fue el momento que lo cambió todo; tal vez mi hijo simplemente se encontró con su esencia infantil. Tal vez. Todo lo que puedo decir es que: La caminata de regreso al coche se sintió encantadora, como si el cielo estuviera presente en la tierra. Logré cruzar el purgatorio, salí limpia, purificada, disfrutando de una alegría transcendental y divina. Al final, el desierto no me decepcionó. Todavía cumplió su promesa de proveerme un despertar espiritual.

Si aún no lo has hecho, espero que estas palabras te inspiren a reflexionar sobre tu propia crianza. El reflexionar ha hecho una gran diferencia en la crianza de nuestros hijos. No te olvides de suscribirte si aún no lo has hecho y no dudes en compartir si crees que este blog puede ayudar a otro padre en su viaje parental.

En solidaridad,

Yesenia