¿Es la crianza de los hijos un acto egoísta?

© Carolina Adame

Recuerdo el momento exacto en que tuve éste pensamiento: “¡Espero que Vicky me dé las gracias por todos mis sacrificios!” Victoria apenas tenía un año. La amamanté hasta los 14 meses de edad. Yo había amamantado a Paulito durante 3 meses. A pesar de que la producción de leche materna no era un problema para mi cuerpo (yo fácilmente podría haber alimentado a dos bebés) fue una experiencia muy dolorosa. No pude aguantar el dolor con Paulito. Yo estaba literalmente sollozando, era tan doloroso, pero con Victoria de alguna manera pude lograrlo. Pero aún después del dolor, la opción de amamantar significaba sacarme la leche en el trabajo, despertar 2-3 veces por noche, usar almohadillas para el pecho, poco o nada de alcohol, modificar mi vestuario para que los pechos siempre estuvieran accesibles y asegurarme de siempre tener las mantas que usaba para cubrirme mientras amamantaba en espacios públicos. Sin mencionar que Victoria estaba muy apegada a mí, eso significaba poco tiempo para mí, todo el entorno se convergió en un pensamiento: “¡Espero que Vicky me de las gracias por todos mis sacrificios!”

Aquí está la cosa. Tan pronto como tuve la idea, sabía que estaba mal. De repente era una chica otra vez escuchando a mi madre decirme lo agradecida que debería de estar por todos sus sacrificios. El cual, de hecho sí, ahora como una persona adulta y el ser madre estoy increíblemente agradecida por los sacrificios de mis padres inmigrantes. Pero cuando era joven, no me sentía bien cuando mis padres decían que me estaban haciendo un favor al criarme. Las palabras de mi madre me hicieron pensar que ella estaba tomando nota mental de todo lo que estaba haciendo por mí, y cuanto más daba, más reverencia y sumisión esperaba de mí.

Cuando fuimos a la conferencia “Evolve” de la Dra. Shefali Tsabary en 2014 una de las primeras cosas que nos dijo fue que la crianza de los hijos es un acto egoísta. Mientras procesaba su declaración, pensé inicialmente que la Dra. Tsabary había perdido la razón porque yo realmente creía que estaba actuando desinteresadamente al “sacrificarme” continuamente al criar a mis hijos. Y sin embargo cuando me pregunté: ¿por qué decidí ser madre? Cada respuesta que vino a mi mente comenzaba con “yo”: “Yo” quería, “yo” creía, porque “yo” y allí empecé a aceptar “mi” egoísmo.

En “El Despertar de la Familia”, la Dra. Shefali Tsabary comparte que “aunque hay elementos de desinterés en la crianza de los hijos, no es del todo exacto que estamos siendo desinteresados ​​cuando criamos a los niños. De hecho, poco acerca del viaje de crianza es altruista”.  Aquí esta la verdad sobre mis intenciones: Yo quería niños. Yo quería que alguien me llamara “mami”. Yo quería que mis hijos fueran mis lindos accesorios. Yo quería decirles lo que quería que vistieran. Yo quería que me hicieran quedar bien. Yo quería que hicieran bien en la escuela y estuvieran en muchas actividades. Yo … yo… yo… yo… yo… Cuanto más lo pensaba, más me daba cuenta de lo egoísta que era realmente como madre.

© Carolina Adame

Victoria tenía un año de edad y yo ya estaba pensando en cómo “yo” debería ser agradecida por todos mis “sacrificios” en amamantarla. ¡NO! En realidad yo estaba amamantándola porque esa era la experiencia que yo quería tener como madre. Yo estaba amamantándola porque me gustaba estar tan cerca de ella durante sus periodos de nutrición, porque me gustaba saber que le estaba dando los mejores nutrientes posibles y me gustó (y aún me gusta) que puedo decir que lo logré. ¡Yo tomé esa decisión y no ella!

Esta realización también facilitó la crianza de mis hijos porque pude darme cuenta cuando mi egoísmo estaba estableciendo las reglas en mi hogar en lugar de mi corazón. Me preguntaba a mí misma, “¿estoy fijando ciertas reglas debido a la seguridad y el bienestar de mis hijos?” o “¿estoy fijando ciertas reglas porque estoy preocupada acerca de cómo esto va a reflejarse en mí como madre?” Si mi respuesta procedía de mi egoísmo entonces la dejaba ir.

Ahora, quiero reconocer que puede haber algunos padres que están leyendo este blog y pensando “pero no es nuestro trabajo como padres decirles a nuestros hijos ¿qué hacer?, ¿cuáles son nuestras reglas?, ¿tener expectativas de ellos? ¿Cómo puede ser esto egoísta? “Y yo diría que sí, nuestros hijos necesitan que establezcamos límites para ellos, les enseñemos valiosas lecciones de la vida, y los mantengamos seguros. ¡Absolutamente! Lo único que estoy poniendo a la consideración es que tal vez estamos dejando que nuestro egoísmo guie la configuración de reglas y creo que eso puede rematar contra nosotros como padres dependiendo del tipo de relación que quiéranos establecer con nuestros hijos.

También añadiría que hay momentos en que vamos a tomar decisiones para nuestros hijos que se basan principalmente en lo que queremos (como mi decisión de amamantar a Vicky por tanto tiempo) y esas decisiones, mientras “egoístas” no son necesariamente “malas”. Para mí, el egoísmo no es automáticamente “bueno” o “malo”. La diferencia entre “bueno” y “malo” radica en si estamos conscientes o no en el momento de tomar nuestras decisiones, en otras palabras, en la intención. Creo que reconocer la parte que el egoísmo juega en nuestras decisiones como padres tiene el potencial de cambiar nuestra crianza paternal y a nosotros mismos. Momento a momento el viaje como padre se vuelve más sobre el pequeño ser que se está desarrollando frente a nosotros y con nosotros, y menos sobre el “¿cómo vamos a controlar a nuestros hijos?”

¿Es la crianza de los hijos un acto egoísta? La única respuesta a esa pregunta que importa es la suya. Por ahora, esta perspectiva tal vez ha comenzado a resonar en usted o tal vez no, lo que queremos es que exista la reflexión en nuestras decisiones. Lo bello de este espacio es que es una zona sin juicios. Un don que puedo extraer al ver la paternidad como un acto egoísta es que me ayudó a dejar de juzgar rápidamente a otros padres, me ayudó a remplazar mis prejuicios, con pensamientos que le dan honor y respeto a la experiencia paternal que otros padres quieren tener.

Creo que cada uno de nosotros hemos sido elegidos para ser padre y de tal forma debemos de en entrar en este ámbito lo más consciente posible. Desafortunadamente, se nos olvida muy pronto la belleza de la experiencia paternal y nos dejamos guiar por las presiones exteriores de nuestras vidas. Los invito a tomar la oportunidad de entrar en este ámbito tan consiente como sea posible. Creo que he dicho lo suficiente. ¿Tiene sentido para usted lo que he escrito? ¿Alguno de estos punto lo hizo tomar una pausa y pensar? ¡Hágamelo saber!

En servicio,

Yesenia