El fracasar es parte del proceso

© Carolina Adame Photography

Estoy continuamente asombrada de mi increíble habilidad de fracasar en este papel de ser padre. Así es que para cualquier persona que piensa que yo tengo este papel de ser padre bajo control…bueno, por favor déjenme disipar ese mito. Yo fracaso a cada rato y a veces fracaso feo.

Una mañana esta semana todo había empezado muy bien. Desperté a las 5:30 de la mañana, algo que estoy trabajando.   Me estaba sintiendo muy bien. Los niños despertaron como a las 6:30am. Hemos establecido con los niños que no deben bajar los escalones hacia la sala a ver caricaturas hasta que se alisten completamente. Antes dejábamos que Paulito bajara en cuanto despertaba y después no quería parar de ver la televisión y acabábamos llegando tarde a la escuela. Así es que llegamos al acuerdo de que primero se alisten y luego bajen a ver la tele y luego desayunen. Todos ganamos. Pero recién empezaron a recaer y habían empezado a bajar con su ropa en mano y luego a cambiarse mientras miraban caricaturas. El proceso estaba trabajando con Paulito, así es que, no les había dicho mucho al respecto. Todos todavía estábamos ganando, pero hoy…Victoria estaba apunto de cambiarlo todo.

Bajé a hacer los almuerzos de los niños a las 7:15am y mi meta es siempre de salir de casa a las 7:30am. Los niños saben esto porque les he dicho que tenemos que salir a las 7:30am para que yo pueda llegar a tiempo al trabajo. La televisión también esta programada para apagarse a esa hora para recordarles. Necesito llegar al trabajo a las 8am. Mientras bajaba miré que Victoria todavía no tenía sus calcetines y zapatos puestos. A las 7:20am le dije, “Victoria, faltan 10 minutos para irnos a la escuela y creo que todavía no tienes puestos los zapatos”. A las 7:25am le dije, “Victoria, faltan 5 minutos para irnos”. Aun no escucho ningún movimiento de su parte. Pasan unos minutos más y le digo, “Victoria, 2 minutos para irnos”. Por fuera estoy calmada pero por dentro siento que mi sangre esta hirviendo y pienso “esta chiquilla está a punto de hacerme llegar tarde al trabajo. ¿Voy a traerle los zapatos? ¡NO! ¡Ella tiene que hacerlo! ¿Por qué me esta haciendo esto? ¡No tengo tiempo para lidiar con esto ahorita!

Ya son las 7:30am y ella no tiene puestos los calcetines, ni los zapatos y está sentada en el sofá. “Victoria, ¿dónde están tus zapatos y calcetines?” Victoria responde, “no lo sé”. Bueno, ya no me pude contener más: “¡NO LO PUEDO CREER! ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo? Te estuve recordando que fueras a buscar tus zapatos y te los pusieras”. La agarro y la llevo conmigo a los escalones pero llegando ahí ya ni quería estar con ella. Le grité, “No puedo creer que estas haciendo esto. Tú sabes que nos tenemos que ir a las 7:30am para no llegar tarde a la escuela. ¡MAÑANA NO BAJAS HASTA QUE ESTES COMPLETAMENTE LISTA!!!” Ya para este punto ella está llorando. Subo los escalones y le traigo los zapatos y calcetines. No siento nada de compasión por esta niña. Empiezo a ponerle los calcetines y luego los zapatos porque esperar para que ella lo haga sería otra tortura para mí. Nos subimos al carro y dejo salir un grito de frustración. No son palabras, es solo un grito primitivo. En ese momento me sentía frustrada porque salimos tarde (y odio salir tarde) y porque sabía que le había fallado a Vicky, pero el grito fue un fracaso peor. Los dos niños se mantuvieron callados durante todo el viaje a su escuela y yo también. Yo siempre les digo a los niños que los amo mientras se bajan del auto y ese día no pude decirles. ¿Qué horrible y cruel puedo llegar a ser? A veces me da miedo el nivel de crueldad al que puedo llegar. Pero, ¿saben qué?, también está en mi ADN.

Se dice que mi abuela, por parte de mi madre, le amarró un lazo alrededor del cuello de su hija mayor (mi tía) y luego tiró el lazo sobre la rama de un árbol y luego le dio varios estirones. Trato de no creer todo lo que me cuentan porque a veces las historias pueden ser exageradas, pero en este caso, yo misma le pregunte a mi tía y ella confirmó el acontecimiento. Esa fue a la crueldad que llegó mi abuela. En verdad, a veces me pregunto, ¿cómo habría sido crecer con unos padres amorosos y cariñosos? Padres que abrazaran a uno a cada rato. Mis padres fueron increíbles en muchas maneras (que yo ya he compartido). Mis padres no fueron acondicionados con la habilidad de expresión; de poder llegar a decirme que me amaban o demostrarme mucho cariño. Mi madre me demuestra más afecto ahora de adulta. Me abraza y me besa y en realidad me siento muy rara cuando lo hace. Yo no fui criada durante mi niñez para esa clase de interacción con ella.

No les miento cuando les digo que no me nace ser amorosa, juguetona o demostrarles ternura a mis hijos. Yo no fui reformada así. Pero aquí estoy. En verdad que perdí el control esa mañana. Algunas personas dirán; “bueno, la niña lo merecía porque no se alistó a tiempo y los niños necesitan ser castigados y estás en tu derecho de establecer expectativas para tus hijos”. Y sí. Estoy de acuerdo que le di muchas oportunidades a Vicky de que se pusiera los zapatos, y sí, es normal que me frustré y me enojé. Creo que todo padre puede compadecerse de mí.

Pero luego pienso, ¿ahora qué? Ahora yo tengo que reconocer mi parte en éste contexto porque yo soy la adulta. La autorreflexión es una de las maneras que me ha ayudado a mejorar en mi papel de padre. Me sentí fatal todo el día, éste es el sentimiento que uso para confirmar que en definitiva fracasé. Tuve que mirar las cosas en retrospectiva. No corrí esa mañana, así es que no había endorfinas en mi sistema que me ayudaran a mantenerme calmada. Salimos de la casa a las 8:35am y llegué al trabajo a las 8:10am. Ésta hora en realidad es aceptable en mi trabajo. He estado estresada un poco en el trabajo. El estrés está contribuyendo a mi falta de paciencia (otra razón por la que debo correr por las mañanas). En realidad pude haber subido a coger los zapatos y haberle dicho a Vicky, en una voz calmada, que mañana no se le permitiría bajar sin arreglarse completamente. Me pude haber contenido. Pero, ¿qué es lo que le enseñé? Le enseñé que mami puede ser una persona temible y eso es lo último que quiero. En realidad quería enseñarle a ser responsable y consiente del tiempo. Fracaso completo.

Pero todo el tiempo existe una manera de remendar las heridas. Cuando nos damos cuenta que hemos fallado, podemos recordar que las situaciones ocurren para aprender. Soy fiel creyente que siempre podemos reparar el daño hecho. Más bien creo que lo debemos reparar. Cuando fallamos creo que necesitamos aceptarlo, necesitamos pedir perdón y de ésta manera les podemos dar un buen ejemplo a nuestros hijos. Cuando llegué a casa ese día, hablé con Vicky. Le dije que quería pedirle perdón y la abrasé fuerte mientras le decía que me disculpara por perder el control y gritarle. No debí de haberle gritado y le dije que la amo muchísimo. Ella dijo que aceptaba mi disculpa y nos abrazamos por un buen momento. No siempre vamos podremos hacer lo correcto. Vamos a fracasar y al final de cuentas creo que necesitamos fracasar. Quiero que mis hijos sepan que no soy perfecta y no espero que ellos sean perfectos. Cuando fallamos tenemos que disculparnos y reparar el daño hecho. Al final, este momento se transformó en un momento de enseñanza para ellos y de aprendizaje para mí, dejó de ser un fracaso.

Mis increíbles, maravillosos madres y padres que están dando su mejor esfuerzo, ¿se pueden relacionar con algo de lo qué escribí? Déjenmelo saber. Me encantaría escuchar sobre sus experiencias. Gracias por tomarse el tiempo de leer este blog y por favor de compartir este blog si creen que la información les sería útil a otros padres. ¡Gracias por dejarnos ser parte de su evolución como padres!

A su servicio,

Yesenia